Sí vemos a los chicos, vienen en patera después de pagarles a las mafias unas cantidades desorbitadas de dinero y llegan y se quedan en España, bueno los que no mueren en el camino. Hay otros, los que vienen nadando, esos tienen peor suerte, no tienen nada, ni una miserable balsa de plástico que les acompañe en su trayectoria y si los encuentran los entregan al punto de salida. Me asombra que el más pobre que se lanza al agua buscando el sueño Europeo es devuelto y el que paga se queda.
Recuerdo una conversación que tuve cuando yo era pequeña con mi padre, muy conocedor del mundo africano. Él había sido invitado a casa de un amigo suyo, un reputado empresario de procesamiento y abastecimiento de pescado en Marruecos. Mi padre dormía en su casa, fue la primera y última vez. Este hombre lo primero que hacía a la hora del desayuno era pegarle a su mujer, un par de bofetadas bien dadas, "para que tuviera el día tranquilo", decía el personaje y de ahí en adelante, lo que cuadrase y a su antojo y conveniencia. Por supuesto ella no compartía mesa y mantel ni espacio físico con el invitado, ni conversación alguna, se limitaba a ser una mera sirvienta.
Ellas no pueden trabajar, ni estudiar, ni tener la libertad de elegir en un país donde la poligamia está consentida y se siguen produciendo los matrimonios de niñas. El año 2.006 su índice global de brecha de género era de un 58% y va incrementándose el porcentaje anualmente así el pasado 2.023 con un 62% es uno de los paises del mundo que más sufre esta discriminación. La mujer es hija, esposa y madre, primero es explotada por su padre y después por su marido. Y son muy pocas las que salen de ese circuito.
A la pregunta en Google en agosto de 2.024 de cómo es la vida de una niña en Marruecos, la respuesta es: