8 de mayo de 2026

SPILL THE BINS...

Errejón: culpable, violador, cocainómano.…
Y eso dicen.

Hoy parece que opinar gratuitamente sobre la vida ajena se ha convertido en deporte nacional. Se lanza una acusación y, de inmediato, desaparecen principios básicos del Derecho que cualquier democracia debería proteger. En España —y desde mis limitados conocimientos jurídicos, siempre con respeto a los licenciados en Derecho— existe algo llamado presunción de inocencia. La culpa, en teoría, debe demostrarse. ¿O eso ya pasó de moda?

Porque ahora basta con que alguien haga una acusación para que otro quede condenado públicamente. Y si además tienes dinero, fama o te atreves a cuestionar determinados dogmas de la corriente woke, más vale que te prepares.

Lo que ciertos sectores intentan imponer es, en mi opinión, lo siguiente:

1. Hay que creer siempre a la denunciante, diga lo que diga.
Pedir pruebas, mostrar dudas o simplemente plantear preguntas ya se considera una agresión intolerable. Cualquier discrepancia se interpreta como una forma de violencia moral contra quien acusa.

2. Al que cuestiona el relato se le etiqueta automáticamente.
Machista, patriarcal, reaccionario o de extrema derecha. Da igual que exista una sentencia absolutoria o incluso que la causa se archive sin llegar a juicio: para algunos, la acusación pesa más que los hechos.
Además, determinadas propuestas políticas pretenden que una simple declaración baste para obtener automáticamente el reconocimiento oficial como víctima de violencia de género, con todas las consecuencias administrativas y económicas que ello conlleva. Eso abre la puerta a abusos, incentivos perversos y situaciones difíciles de controlar.

3. Existe una obligación casi ideológica de participar en determinadas causas.
Hay que acudir a ciertas manifestaciones, repetir consignas concretas y asumir un discurso único para demostrar compromiso. Si no lo haces, te conviertes en sospechosa.
Permitidme aquí un apunte personal. Hace años, en un Consello da Muller, propuse algo muy sencillo: eliminar banderas de partidos y sindicatos en actos donde supuestamente estábamos todas representadas, y evitar discursos partidistas dirigidos siempre contra el mismo adversario político. Diez años después, muchos de aquellos colectivos están divididos, enfrentados y cada vez más aislados. Yo dejé de asistir.

4. Se impulsa una visión permanente de desconfianza hacia el hombre.
Caminar sola por la calle, acudir a un concierto o salir de fiesta parece haberse convertido, según ciertos discursos, en una experiencia de riesgo constante. Ahí están incluso los famosos “puntos violeta” en aeropuertos y eventos públicos, como si el peligro acechara en cada esquina.
Sin embargo, las estadísticas muestran que la mayoría de agresiones se producen en entornos privados y familiares, no por desconocidos escondidos en un parque esperando atacar. Se alimenta así un miedo desproporcionado que genera ansiedad social.

Seamos mujeres libres frente al paternalismo de cierta izquierda colectivista que necesita mujeres dependientes, enfadadas y permanentemente agraviadas. Reivindiquemos nuestra capacidad de decidir por nosotras mismas, también cuando elegimos la maternidad o una vida alejada de los dogmas militantes. Condenemos la violencia en todas sus formas, venga de quien venga.

No compres discursos baratos que atemorizan..Como sabiamente se relata en el Quijote: "Mire vuestra merced que aquellos que allí se parecen no son gigantes, sino molinos de viento".